3 ene. 2013

Pequeñas Cosas Insignificantes [Oneshot]






Título: Pequeñas Cosas Insignificantes
Autor: Sunako
Género: Lemon






El exceso de alcohol recorrían  nuestras venas provocando que el ambiente se fuera haciendo más a ameno y divertido.

Nos encontrábamos todos reunidos Yabu, Hikaru, Yuya, Daichan y yo.

Esa noche habíamos montado una de las mejores fiestas que jamas había presenciado en mi vida.

Chicas, alcohol, sexo, música...

Desde el principio todo iba demasiado bien, un buen ambiente donde lo único que se presenciar allí aparte de la mezcla producida por los perfumes de todos los presentes eran las hormonas revolucionadas de todos; incluso de las mías.

Prendas ajustadas, demasiado cortas, provocativas....

Daba igual por donde anduviera, todo era igual; cientos de chicas vestidas y maquilladas  de forma similar con un único objetivo en común: Acostarse con alguien.

Desde el primer día que me acosté con una chica, al día siguiente lo volví a hacer;
Pero con una chica distinta.



Así, una y otra y otra vez hasta que se me había vuelto una rutina.

Tanto para mis amigos como para para mi, eso era normal. Salir todos los días a buscar a alguna chica que llevarse a la cama.

Desnudarla, recorrer sus curvas con las  manos y poseerla hasta caer rendido.

Pero todo eso se me había vuelto muy monótono y aburrido.

Mismos lugares, mismo tipo de chicas, un único objetivo....

Caminé por todo la fiesta en busca de una persona que llamara mi atención, a pesar de que la gran mayoría eran todas iguales, había algunas que destacaban más que otras...

Pero aún así, ninguna llamó mi atención.

Yo quería experimentar algo nuevo, jugar con algo prohibido, fuero de lo normal

Como lo que veía en ese momento ante mis ojos,  Una persona pequeña, con la ropa desaliñada, moviéndose provocativamente por todo el lugar, llamando la atención de todos
como lo hizo conmigo.

Mi querido amigo, Arioka Daiki.

No lo pensé, me acerqué a él, y lo atraje hasta mi cuerpo.

-¿No te parece muy monótono esto, Daichan?

Mis labios acariciaban su oreja y mi aliento le producía leves escalofríos que se convirtieron en un gemido bastante audible.

-Si.i....

Sonreí triunfante.

En un ágil movimiento, lo agarre de la mano y lo lleve fuera de aquel lugar; hasta una de las habitaciones de aquella casa.

Y en ese momento, empezaba mi casi rutina de todas las noches.

Cerrar la puerta con seguro.

Me volví a acercar lentamente hasta mi sobrio amigo acariciándole levemente el rostro con uno de mis manos.

Su reacción fue como la que presenciaba en cada una de las mujeres con las que me acostaba.

Cerró sus ojos

Recorrí con mi nariz su cuello y volví a acariciar su rostro parándome esta vez en sus labios.

Y lo que nunca me imaginé es que fueran distintos; eran los más suaves que había besado

Los probé muy despacio deleitándome con la suavidad de sus labios. Nada más separarnos,
nos volvimos a juntar de una manera más necesitada por parte de los dos.

Por ahora todo era igual.

Daichan envolvió sus manos por mi cuello con la intención de acercarme más.
Nuestras labios se abrían y cerraban a un ritmo bastante rápido a la vez que nuestras cabezas se iban moviendo para buscar ese unión entre nuestras bocas.

Mis manos  iban descendiendo poco a poco por su pecho hasta llegar a los botones de su camisa.

Esta era una de las partes más diferentes de mi rutina habitual.

Mientras desabrochaba los botones de su camisa acariciaba su firme torso dándome cuenta de que hay fallaba algo.

Me separé de él cortando el beso para observarlo de arriba a bajo dándome cuenta de lo que me faltaba.

Unos pechos bien formados.

Sonreí.

Desde que empecé; realicé cada uno de los pasos que solía hacer cada noche.

Acariciar, Besar, Desabrocharle la camisa y masajearle los pechos.

Eso era lo que me faltaba pero aún así seguí. Le quité la camisa y empecé a descender por su cuello lentamente parándome en las leves marcas que tenía por todo su cuello.

Las lamí y mordí produciéndole a Daichan un gemido gutural que a decir verdad; me excitó más de lo que estaba.

Poco a poco iba bajando cada vez más por su pecho hasta quedar a la altura de sus pezones.

Primero, empecé a pellizcar  uno de ellos con mis manos y luego continué estimulando el otro hasta que ambos quedaron lo suficientemente duros como para seguir descendiendo.

Fui besando y lamiendo todo su torso sintiendo como su piel se erizaba y como un montón de suspiros llegaban a mis oídos.

Cuando llegué a su ombligo,  lo besé, lo lamí y lo mordí tantas veces como pude saciando poco a poco mi apetito sexual al escuchar los maravillosos gemidos que escapaban de su boca.

y después de todo eso; llegó lo desconocido para mi

Delineé con mis dedos la goma de su ropa interior y lentamente fui introduciendolos dentro de este,
encontrando mi objetivo bastante duro.

Una vez más, empecé a besar sus labios mientras con mi otra mano estimulaba su miembro.

Mis labios eran atrapados por los dientes de Daichan que de vez en cuando los mordía debido a la acción producida por mi mano cuando ejercía más presión en la base de su miembro.

Mis labios sangraban y Daichan los volvía a agarrar, absorber y delinear con su lengua hasta separase de mi boca y morder el lóbulo de mi oreja al derramar toda su semilla en mi mano.

Retiré mi mano de su ropa y ante su mirada, saboreé dos de mis dedos que estaban bañados con su semen.

Luego, retiré su pantalón e hice desaparecer su ropa interior.

Nunca había hecho una felación a nadie; ni a ninguna chica, pero esta vez era distinto.

Estas cosas siempre me las hacían a mi, pero esta vez fue distinto; quise hacerlo yo.

Me relamí los labios y descendí sensualmente por su cuerpo hasta llegar a su miembro el cual, introducí lentamente en mi boca saboreando los restos de su semilla.

Esto era muy distinto y asqueroso

Pero aún así seguí.

Luego de volver a excitar a mi pequeño "amante" me separé.

Y... ahora ¿Qué había que hacer?

Las manos de Daichan me agarraron de la camisa y me empujó hasta la cama.

Se posicionó encima de mi cadera y rápidamente se deshizo de mi pantalón y de mi ropa interior.

Y sin nada más, se auto-penetró poco a poco hasta estar completamente dentro.

Cerré los ojos al sentir las estrechas paredes que rodeaban y aprisionaban mi miembro de una manera deliciosa.

Entreabrí un poco los ojos observando como unas finas lágrimas resbalaban por sus mejillas y como sus labios estaban entreabiertos debido al dolor y al placer que debía de estar sintiendo.

Como pude, limpié las lágrimas y lo besé de una forma más calmada sintiendo como cada vez  iba moviendo más y más su cadera.

Una ola de calor invadió mi cuerpo debido al placer que estaba sintiendo en ese momento que me hizo comportar de una manera salvaje y rotar a Daichan debajo de mi cuerpo.

En el momento en el que rodeó mi cadera con sus piernas, salí de su interior para volver a introducirme de una rápida y dura que lo hizo estremecerse de placer y gritar mi nombre en un gemido.

 Y después de todo eso.

Estocadas rápidas, profundas y calientes que nos llevó a ambos a un gran orgasmo donde caímos exhaustos uno encima del otro.

Antes de ser vencido completamente por el sueño, susurre con un hilo de voz  en su oído.

¿Esto....hay que repetirlo verdad?

Al final de todo para mi, hacerlo con una chica o con un chico fue lo mismo

19 nov. 2012

Limited Adiction [Oneshot]

Como en la anterior entrada pedisteis lemon y de momento aun no he visto yo que nadie haya escrito lemon Inoodai (malvados u.u) he decidido subir este lemon, es mio, no es muy bueno pero espero que satisfazca vuestras necesidades






Título: Limited Adiction
Autor: Mabelucome
Género: Lemon




Daiki se tiró en la cama mientras se desabrochaba la camisa viendo lascivamente al mayor que hacía lo mismo con su corbata. Las reuniones familiares siempre terminaban igual, en la cama, por eso Kei aceptó gustosamente ir a casa de los padres de Daiki aunque estos pensasen que eran solo amigos. Era divertido meterle mano al menor mientras intentaba reprimir pequeños gemidos delante de sus padres, ponía caras que excitaban y divertían al mayor.

Kei tiró la corbata a un rincón olvidado de la habitación y prácticamente se arrancó la camisa. El menor ya no tenía esa molesta prenda y se dedicaba a mirarlo relamiéndose los labios gustosamente. Kei se lanzó encima de él juntando sus cuerpos con fuerza pero no le dio tiempo ni a quejarse antes de que atrapara sus labios en un beso lujurioso. Sus lenguas entraban con fuerza en la cavidad del otro solo para dominar el beso pero como siempre, ganaba el mayor sobre el otro.

Bajó su cabeza hasta sus pezones para morderlos, sabía que a Daiki le gustaba que se los chupase pero quería escucharlo quejarse así que solo los mordía fuertemente, a veces los estiraba hacia si haciendo que de su boca saliese algún quejido de placer, en el fondo era un masoquista. 

Le agarró la cabeza a Kei e hizo que volviera a besarlo pero esta vez con mucha fuerza, mordía su labio inferior de vez en cuando solo para hacerlo rabiar, pasó su lengua por ese trozo y la metió en la boca del mayor para seguir con el beso de antes.

Daiki lo echó en la cama y se posicionó encima de él, sin esperar ni un momento empezó a mover su caderas por encima de las del mayor sacándole deliciosos gemidos pero no eran suficientes, aun era pronto. 

Le agarró el miembro por encima del pantalón y se lo apretó, primero dulcemente pero no duró mucho ya que se lo apretó con bastante fuerza mientras besaba y lamía su cuello. 

Kei le abrió el pantalón y metió su mano por debajo del bóxer sintiendo el miembro palpitante de su amante.

-Parece que aquí abajo necesitas ayuda.- Le dijo lascivamente lamiéndose los labios. Daiki sonrió y aprovechando de que Kei tenía su miembro entre las manos empezó a moverse masturbándose él solo.

-Aaahhh...- Gimió al notar como la mano que estaba encima de su parte sensible hacía fuerza para apresarlo y masturbarse mas placenteramente. Daiki se movía mas rápido y su cuerpo se llenaba de ese sudor característico que solo aparecía en esos momentos. Kei se estaba excitando demasiado, aparte de sus gemidos y sentir el miembro duro y caliente de su amante en la mano, el menor no dejaba de moverse encima de él. Le metió 2 dedos en la boca para que dejara de gemir así, si seguía escuchándolo se correría ahí mismo y aun no era el momento.

-Sabes, has sido muy malo.- Lo recostó debajo de él y le aprisionó las manos con las suyas.

-Aaahhh... si?-

-Sí, masturbándote tu mismo... yo quería hacer otras cositas antes...- Hizo un puchero de mentira para volver a besarlo lujuriosamente.

-Cómo cuales?- La respiración del menor era demasiado agitada para hablar normal. Lo miró con mala cara al notar como su miembro volvía a ser libre pero sus manos no.

-Déjame pensar...- Con la mano que no lo sujetaba fue pasando un dedo lentamente por todo su cuerpo, demasiado lento para lo excitado que estaba el menor y eso lo sabía.

-Si quieres hacer algo hazlo ya!- Dijo enfadado pero casi no le dio tiempo ni a respirar, le besó y lo giró quedando acostado cara abajo.

-Ya que eres tan impaciente...- Le quitó el pantalón y la ropa interior de un estirón quedando completamente desnudo a los ojos del mayor.

-Qué me vas a hacer?- Su voz no era de alguien asustado, era voz pícara, quería que lo hiciese ya.

Kei sonrió y sin soltarle las manos le metió un dedo sacándole un pequeño gritito al menor. Lo movía de dentro a fuera sin ninguna medida, lo hacía todo lo rápido que podía y Daiki estaba encantado. Pronto metió otro dedo e hizo lo mismo, meterlos y sacarlos rápidamente. Una de las veces en que los metió los movió y entró mas hasta rozar ese punto en que lo volvía loco, ese punto que tantas veces lo hacía gritar y esta vez no era una excepción, cada vez que entraba y lo tocaba gritaba de placer mientras agarraba fuertemente la sábana.

-Nee, creo que no estás bien lubricado...- Le dijo seductoramente en la oreja para ir bajando lentamente con su lengua por toda la espalda, lamiendo toda esta hasta encontrar con eso tan deseado, su entrada. 

Metió sin pensarlo la lengua en esta haciendo morir de placer al menor, si antes agarraba las sábanas ahora casi las rompía. Kei metía toda su lengua en ella sintiendo esas deliciosas paredes que se apretaban un poco por culpa de que Daiki estaba en el mismísimo cielo.

Kei notó como el menor estaba a punto de correrse y eso no se lo podía perder por nada en el mundo, sacó su lengua de dentro de él y giró al menor quedando acostado cara arriba. Tenía la cara roja de tanto gritar y las manos adoloridas pero no era momento de observarlo detenidamente así que se metió su miembro en la boca succionando el pequeño líquido que ya había empezado a salir. Lo chupaba de arriba a abajo, por los lados hasta la base y volviendo a subir su lengua hasta la punta para morderla levemente y volver a metérselo todo en la boca. Era demasiada excitación en el pequeño cuerpo de Daiki y se corrió sin poder evitarlo dentro de la boca de su amante.

-Estás tan delicioso como siempre.- Dijo Kei limpiando un poco que se había escurrido por su boca. 

Daiki no podía hablar, estaba demasiado excitado y de su boca solo salían gemidos de mas y mas placer. Ahora el mayor se daba cuenta del estado de su amante y sonrió dulcemente para besarlo con la misma intensidad que antes aunque Daiki no le respondía de la misma forma, casi no tenía fuerza.

-No puedes estar así, ahora me toca disfrutar a mi.- Le dijo encima de sus labios y el menor lo miró directamente a los ojos con una mirada lasciva, aunque ya se hubiera corrido sabía que con las embestidas de Kei llegaría al orgasmo mas placentero.

El mayor se quitó lo que le quedaba de ropa y separó las piernas del menor dándole una amplia visión de donde tenía que entrar, al verlo así su miembro ya palpitaba por querer entrar y quién era él para negarle algo a su propio cuerpo? De una estocada entró sacándole un grito de pleno placer, ya estaba acostumbrado a que entrase fuertemente en él y eso lo excitaba mas.

Le rodeó con sus piernas y el vaivén ya era rápido, al mayor no le gustaba ir despacio si no era para molestarlo, a él le gustaba darle duro y disfrutar de las caras que ponía el menor cada vez que le tocaba el punto exacto. Daiki por su parte estaba encantado que entrase así en él, al principio era un tanto molesto pero luego le encontró el placer a hacer aquello.

Siguió dándole fuerte, los gemidos inundaban aquella habitación, eran gemidos desesperados por recibir tanto placer de su respectivo amante. Kei salió de él y lo arrodilló en la cama para volver a entrar en él por detrás. Con una mano le abría una de sus nalgas y con la otra lo mastubaba lo mas rápido que podía. Daiki, por su parte, movía sus caderas hacia delante y hacia atrás, apoyó su espalda en el pecho del mayor y le mordió la oreja, ese era el punto erogeno de su amante y lo sabía demasiado bien.

Siguieron así un rato mas hasta que a Daiki le empezaron a doler las rodillas pero por mas que lo intentaba el mayor no lo dejaba moverse hacia ningún lado. Cuando se cansó de esa postura lo volvió a tirar encima de la cama boca abajo y entró en él, puso una mano a cada lado de su cabeza y siguió entrando. El menor tuvo que utilizar sus manos para no chocarse con la cabecera de la cama, por las fuertes embestidas, Kei lo deslizaba hacia arriba hasta casi darse con esta.

Al poco tiempo, por culpa de la excitación, el calor y los fuertes gemidos de ambos el mayor se corrió dentro del otro con un gran gemido de excitación dejando el interior mas húmedo y pudiendo entrar mas en él. Daiki lo notó, notó como su interior estaba mas caliente por el líquido del mayor, como este se escurría para salir fuera y como entraba mas en él.

-Daiki... va.. aahhh, vamos.... córrete...- 

Era algo que le gustaba al mayor, que Daiki se corriera mas de una vez, sentía que así había hecho bien su trabajo. No pasó mucho tiempo para que el menor se corriera manchando todo ese trozo de la cama debajo de él.

Salió de su pequeño cuerpo y se acostó a su lado completamente agotado, agarró la sábana y se arroparon con esta. Kei sabía que en esos momentos, y seguramente hasta al día siguiente, Daiki no podría casi moverse, esa era la parte que le hacía mucha gracia. Se acostó de lado y lo abrazó protectoramente acurrucándolo hacia él, aunque a veces le decía a él que era solo sexo en el interior sabía que estaba enamorado del menor, aunque su orgullo no le permitía decírselo abiertamente, siempre esperaba a que el menor se durmiese. Por otra parte, Daiki sí que se lo decía abiertamente y le encantaba hacerse el dormido para escuchar como el mayor se lo decía.

29 oct. 2012

Remedio [Oneshot]






Título: Remedio
Autor: ButterMilk
Género: Shounen-ai





Hace seis meses, yo estaba de novio con el chico que hoy tengo frente mío. Sus cabellos rizados, arreglados para la ocasión. Su piel aromatizada, la cual aunque esté a un metro de distancia, aun puedo distinguir. Es irónico verlo sonreír por una pregunta que salió de la pecera, la cual está llena de papelitos que debemos contestar cada vez que perdemos.

—    ¿Cuándo fue tu último beso, Kei? —.  Escuchó preguntar a Yabu, con una sonrisa característica en su rostro.

   En mi mente, respondo “7 de Junio, beso de despedida”. Lo recuerdo bien, porque aun tengo el sabor de sus labios en los míos, amargo como el café.

—  No recuerdo—.  Mintió.

   ¿Por qué mintió? Sí, sé que ha mentido, lo conozco tan bien. Tal vez me oculta algo, quizás besó a otro y no lo quiere decir mientras estoy yo presente o de verdad… no lo recuerda. Esa idea me viene fatal, no quiero ni pensar lo poco importante que fui en su vida, porque el único consuelo que me quedó de nuestra relación, fue ese.

—    Debes beber entonces — Líder puso frente a los ojos de Kei el corto de ron, el cuál Inoo bebió sin chistar.

   Me pareció extraño, conociéndolo, hubiese reclamado, que era injusto. Pero no. No hizo absolutamente nada más que beberlo y seguir con el juego.
   Bajo mi rostro y aprieto los puños, de alguna manera esto de beber cortos me está haciendo muy mal, tanto mental como físicamente. Mi estómago duele lo suficiente como para ser incapaz de dormir esta noche y si no es mi panza, son los pensamientos dolorosos e impotentes que llenan mi mente.

   Me veo tan absorbido en mis pensamientos que no me doy cuenta cuando pierdo por no contestar.

—    ¡Daiki! — Me chilla Hikaru.

   Alzo mi rostro y lo miro, algo asustado pero él me espera con una sonrisa y la pecera llena de papelitos. Saco uno lentamente y se lo entrego a Hikaru. Él lo recibe con ánimo y me mira:

—    ¿Cuándo fue la última vez que te masturbaste? —. Me pregunta con denotativa curiosidad.

   Siento como los colores se me suben al rostro, no es que lo recordara muy bien, pero la pregunta me hizo sentir nervioso, ya que… sí lo había hecho después de que terminé con Kei.

—    No recuerdo… — Respondo, utilizando la misma táctica.
—    ¡Oh! ¡Vamos, Daiki! Así el juego no es divertido, piénsalo y nos dices… ¿Vale? —. Sonrió.

   Sonrojado, comencé a pensar. No es como si pudiera mentir, no se me daba fácil después de todo. Los primeros días desde que terminamos no lo había hecho, porque estaba tan dolido y absorbido en mis pensamientos que no fui capaz de pensar en otra cosa, tal como placer sexual. Pero luego, mi cuerpo lo extrañó, y nadie más que él podía darme lo que yo quería, no porque fuese exigente, si no porque mi cuerpo estaba enamorado del suyo, así de simple.

—    Paso— Respondí apenado, aunque no lo hubiese dicho, ya que con tan solo pensarlo me hacía sentir mal. Quedó en claro que no lo dije porque alguna vez lo había hecho. Tomé el vasito con ron y lo bebí en tres sorbos, sintiendo sus efectos con mayor notoriedad al parecer.

   El juego prosigue tres turnos más y ya mi estómago no da para más. Si vuelvo a tomar un corto más, juro que explotaré. Me sobó la panza y Yabu me mira preocupado.

—    ¿Quieres descansar, Daiki? —. Me consulta como una madre, la que siempre ha sido en BEST.

   Lo miro y hago un leve gesto de que es por mi estómago y el me entiende, mira la hora.

—    Chicos, ya es tarde ¿Vamos a dormir?

   En realidad lo era, y se veía en sus rostros que nadie quería pasar de largo. Takaki estaba pasado de copas, pero en la etapa en la cual sus sentidos se adormecen, así que fue fácil tirarlo al sillón y taparlo con una manta.
   Los demás  aun tenían ánimos para seguir un poco más, pero utilizaron esa energía en lavarse los dientes y ponerse algo cómodo para dormir.

   Por mi lado, fui a la habitación que me designaron, se suponía que iba a dormir con Takaki, pero los planes cambiaron, así que la cama quedó solo para mí y creo que es mejor. Con mi dolor de estómago no hubiese dejado dormir a nadie. Subí las escaleras algo mareado, sujetándome de la baranda, manteniendo mi dignidad. O eso supuse.

   Hikaru estaba en el baño del primer piso, mientras Yabu ordenó la basura y vasos sucios que dejamos sin cuidado encima de la mesa de la sala de estar. Kei estaba en su habitación cambiándose de ropa.

   Cuando llegué por fin arriba, busqué mi mochila y saqué el pijama y un retorcijón me tomó las tripas. Las atrapé con mis manos y caí a la cama, quejándome entre jadeos.

—    Tsk… —. Cada vez apretaba más mi estómago, hasta hacer más fuerte el dolor que ejercía mi mano que el mismo dolor de intestino.

  Me di ánimos y comencé a pararme de la cama, arrugué el pijama y solté un largo suspiro. Cerré la puerta para poder cambiarme con más tranquilidad.
   Al estar ya listo ordené mis cosas y tomé mi cepillo. Entré al baño y casi no salgo. Los chicos tuvieron que usar el baño de abajo y se alistaron antes de que yo pudiera hacerlo. Escucho un golpeteo en la puerta.

—    ¿Estás bien? — Era Hikaru.
—    ¡S-sí! — Respondo mientras abro la puerta del baño. — Es solo mi estómago, pero no te preocupes —. Me lo tocó, indicándole donde es que me duele.

   Asintió y me ofreció cualquier ayuda. Solo lo mandé a dormir, ya no quería preocuparlo más por algo tan vago.
   Me despedí a la ligera de todos y caí como zombie en la cama. Solté un largo suspiro y lentamente me metí dentro de las mantas, la cuales me cobijaron mientras yo me hacía ovillo, enterrando mis uñas en mis tripas. En verdad que comer solo porquerías y beber cuando no estoy acostumbrado es malo para mi organismo.

   Pasó casi una hora desde que estoy intentando quedarme dormido, pero nada pasa. Envidio a los demás, por sobre todo a Takaki, que se pudo entregar a Morfeo tan fácil. Al parecer a mi no me quiere.
   Me muevo unos centímetros y mi estómago despierta, sacándome un  grueso quejido.

—    A-ahh… —. Cualquiera pensaría que me estoy dando placer con mi mano, pero no es para nada así. Solo es un horrible dolor. Así prosigo los próximos quince minutos, quejándome. — Me d-duele… —. Susurro para mí, para que nadie pensara nada malo, pero, quizás se entendería mal de todas formas.

   Otros quince minutos y no lo soporto más, necesito ayuda y cuando ya me iba a levantar alguien toca muy despacio mi puerta.

—    ¿Daiki? —. Escucho el susurro de su voz, eso solo intensifica mi dolor y compromete ahora mi corazón. — Voy a entrar.

   Dijo seguro, girando la manilla y metiendo su pie dentro de mi habitación, todo en silencio. Lo logro divisar entre la oscuridad y la delicadeza que tiene en cerrar la puerta. Al parecer algo trae entre sus manos, porque vuelve a recogerlo de encima de mis pies. Al parecer lo dejó encima de la cama al entrar. Rodeó la catre e intento mirarlo, pero ninguno de ambos dolores me lo permite.

—    ¿Estás bien? — Me pregunta, poniéndose en cuclillas frente a mi cama y encendiendo la luz del velador que hay  a mi lado. Solo atino a esconderme más entre las sábanas, sin mostrar mi rostro. Soy como un vampiro.
—    H-hm… —. Fue toda mi conversación, pero es que en realidad… duele hablar con él.

   Nuestra última conversación fue aquel 7 de junio, luego de eso, todo se volvió mecánico o simplemente hablábamos por el grupo, por el trabajo, por compromiso. Esta fue la primera vez después de tanto tiempo, que me dirigió la palabra, por algo tal vez “Sincero” y yo no sabía como tomarlo.

—    Dai-chan… —. Que me llamase así fue realmente sorprendente, últimamente yo era “Arioka-san” o “Daiki” para él, pero hace mucho que mi apodo lo dejó de usar. — ¿Te duele el estómago, verdad? — Su mano fue encima de mi calvario, las cuales me hicieron saltar. Su calidez me quitaron un poco el dolor, pero comencé a temblar.

   Mantuve silencio. Un cosquilleo asfixiante me tomó la garganta, el cual no me dejó hablar. Me sentía impotente y a la vez necesitado. No me di cuenta, en qué momento fue el que nos alejamos tanto que ese simple toque me hizo perder los cabales.
   Pero no. Sí nos habíamos rozado pieles, incluso tomado de las manos por alguna que otra presentación, pero el contexto era distinto. Él se estaba preocupando por mí.

—    Tengo un remedio—. Quitó su manó y agitó la caja que había traído.

   Aproveché el momento y tiré lentamente de las sábanas, para dejar entrever mi rostro interesado por el medicamento. Pero en ningún momento lo miré a los ojos.
   Él notó que de alguna manera había aceptado su jarabe y lo abrió. Con un gotario comenzó a echar líquido a una cuchara, acercándolo a mi boca.

—    Abre —. Me ordenó.


   Con cuidado abrí mi boca y me tragué el ínfimo líquido rojizo. Era tan poco que realmente dudé si es que surtiría efecto o si realmente era un jarabe para el dolor de estómago. Le pregunté.

—    ¿De dónde lo sacaste?
—    De nada —. Me dijo ácido, mientras guardaba el frasco en la caja. Claramente había olvidado darle las gracias — Mi hermana sufre de dolores y se lo robé…
—    Gracias a Aki-chan… —. Me sentí molesto, por su tono, pero en verdad, le estaba agradecido.
—    Si no es por mí, te mueres…
—    Si no es por el remedio de tu hermana…— Aclaré.
—    Si yo no lo traigo tú hubieses sido incapaz.
—    Estaba por pararme…

   Fue una pelea tonta. Ambos terminamos soltando unas risas algo incómodas.

—    Oye aún me duele…— Protesté.
—    El efecto no es inmediato… Debes ser paciente, Dai-chan.

   Mantuvimos un minuto de silencio. Ambos teníamos una sonrisa en nuestros labios, pero al escucharnos, las quitamos enseguida. Comenzamos a recordar lo que éramos hace seis meses atrás, lo felices que éramos al estar juntos y que tal vez, solo debería perdonarlo y todo volvería a ser como antes. Pero no es tan fácil.
   Por un segundo tomé valor y cuando estuve seguro de que no me estaba mirando, alcé la vista a la suya. La luz le llegaba por el costado derecho y hacia ver sus facciones de manera muy sensual. Pero pronto desvié la mirada y volví a esconderme bajo las sábanas, girando mi cuerpo por completo hasta darle la espalda.

—    Gracias, espero que pase pronto. Puedes volver a tu cama… —. Le di el pase.

   Pero él no se movió, tampoco dijo algo. Solo y en silencio apagó la luz y abrió las sábanas. Mi alma se quiso escapar de mi cuerpo y mi corazón comenzó a latir tan fuerte que juré por algunos segundos que lo estaba oyendo. Fue horrible esa sensación de desesperanza.
   Primero su trasero, luego su pierna y pronto la otra y así se acomodó con delicadeza a mi lado, su calor corporal se acentuaba y apenas sentí su mano en mi costado, salté.

   Seguro se dio cuenta de mi nerviosismo, más ahora que estoy temblando bajo su mano. Tensé mi cuerpo por completo y apuñé mi mano contra la cabecera.

—    ¿Q-Qué haces? —. Interrogué en un hilo de voz y él me abrazó con más fuerzas.
—    Te cuido… —. Me susurró igual de bajo.

   Balbuceé un par de palabras, nada entendibles. Me hice un ovillo, pero no quité su mano de allí. De un momento a otro y no me di cuenta cuando pasó, el dolor de estómago había desaparecido, pero estaba tan nervioso y alerta que ni siquiera lo percibí.
   Intentaba respirar y mantenerme calmo, de ser indiferente ante él. Pero esas manos nunca las pude ignorar, jamás les hice el quite y es que ahora las necesitaba más que nunca. Pero no podía dejarme llevar por él y sus estúpidos encantos.

—    No es necesario que lo hagas de esta manera… —. Dije como si estuviese realmente molesto.
—    Dai-chan, por favor… lo necesitó—. Me confesó, pero por alguna razón eso me irritó.
—    ¿Y crees que yo no? —. Le grité. Mi molestia se debía a eso.

   Sentí su sorpresa, porque mantuvo silencio un par de segundos. Antes de que pudiera decir algo, quité su mano de mi cuerpo y me arrinconé lo que más pude, poniendo un cojín entre ambos. Marcando distancia.
   Me sentí apenado de que de mi boca las palabras solo corrieran, como si no tuvieran de quién ocultarse. A veces llegaba a ser muy transparente y lo odiaba.

   Lo escuché suspirar y quitar el cojín. Trató de voltearme suavemente pero me mantuve firme, ocultando mi rostro como excusa.

—    Déjame… —. Le susurré, casi con la voz quebrada.
—    No otra vez, Dai-chan…

   Abrí mis ojos y mordí mi labio, ahora evitando decir cualquier cosa por impulso. Mis mejillas tomaron color y agradecí que no las pudiera ver.

—    Ya fue suficiente… —. Habló él — Y estoy arrepentido de no haber ido por ti aquel día… de prohibirte que hicieras esto… Estoy cansado de no poder hablarte, de querer tocarte y que solo me apartes. Que me eches a un lado y te vayas con cualquier otro. Me dejaste de lado, también como amigo y eso me duele…

   Medité mi respuesta.
—    Si no te hubiese apartado por completo, seguramente hubiese caído nuevamente en el mismo juego, en la misma trampa, Inoo-chan…—. Murmuré con suavidad.
—    ¿Qué trampa Dai-chan? Yo solo te amé y aun lo hago… Si quisiste terminar conmigo fue porque nuestros celos no dieron para más…
—    Te metías con cualquiera, siempre te ibas con otros, me dejabas de lado…
—    Nunca te fui infiel, Daiki… y además, lo hacía porque tú también te ibas con otros…
—    ¡Hey! Yo lo hacía porque tú lo hacías… — Dije completamente apenado.


   Ambos guardamos silencio. Era como si no hubiésemos dado cuenta de algo tonto, pero aun así ninguno de los dos era capaz de seguir hablando.

—    Daiki… —. Musitó.
—    ¿Uhm…?
—    ¿Te has masturbado desde que terminamos…?

   Su pregunta me pilló por sorpresa y abrí mis ojos como plato, me oculté entre las sábanas de puro impulso y mordí la cabecera.

—    ¡Eso no te incumbe! —. Le chillé entre las telas.
—    Oye… —. Me dijo algo serio e intentó voltear mi cuerpo. El dolor de estómago ya se me había pasado, ahora solo podía concentrarme en él.

   Me negué al principio, pero de a poco cedí a sus manos y terminé girando mi cuerpo para verlo. Estoy seguro que de mis ojos denotaban súplica de que no me hiciera ese tipo de preguntas.

—    ¿Lo hacías? —. Sus ojos se clavaron en los míos y yo, rojo como tomate.

   Tragué saliva y asentí, cerrando mis ojos de inmediato, mientras la vergüenza me invadía hasta el último pelo de mi cabellera. Estaba esperando su risa, su mofa, su burla, pero nunca llegaron. Solo sentí como unos brazos, me rodearon más fuerte, como cuando una persona pide disculpas.
   Abrí mis párpados ante el desconcierto y allí estaban los suyos frente a los míos, desnudándome con solo verlo.  Mi cuerpo se amoldó al suyo entre sus brazos, como siempre lo hicimos y lentamente comencé a abrazarlo desde el cuello. Ambos nos acercamos, envueltos en una atmósfera nostálgica y placentera, mientras mi corazón latía tan fuerte que se comunicaba con el de él. Estábamos cerca, uno al otro.  Kei hizo un movimiento extraño, pero quedó sobre mí y así, ya no pude aguantar más y me lancé a sus labios.

    Ninguna masturbación podría igualar lo que era un simple beso con él. Podría llegar al clímax con tan solo su lengua entrelazaba a la mía, porque lo que me entrega él a cada que hacíamos el amor, era único y mi mano nunca pudo igualarlo.

14 sept. 2012

Homework [Oneshot]



Título: Homework
Autor: ButterMilk
Género: Lemon




— ¡Inoo-chan! ¿Podríamos ayudarme con mi maqueta para el colegio? ¡Por favor! — Le suplicó Arioka.
— ¿Eh? ¿Trabajos para el colegio? — Dijo con una sonrisa. — ¿De qué se trata? — Se sentó en un sillón, mirando al menor que estaba en frente de él.
— Es hacer un edificio… y tú eres bueno con eso, yo no sé cómo se hacen, por favor —Explicó con sus manos — Ya sabes, ¡Ni siquiera sé recortar bien!
— Hahaha, Dai-chan, ¿Cómo no sabes recortar? Si hacer una maqueta es tan fácil — Bromeó.
— Te lo pido — Se arrodilló haciendo un puchero.
— Hahaha, te costará caro y la desconfianza de tu profesor — Entre risillas le miró, y con su dedo, jugó con su puchero.
— No importa, pago lo que sea, ¡Te lo pido! Necesito un buena nota — Siguió juntando sus manos, rogándole.
— Está bien, está bien… no supliques más, Dai-chan — Y le estiró una mejilla regalándole una gran sonrisa.
— ¡Muchísimas gracias! Juro que te lo pagaré.

Daiki abrazó inesperadamente a Kei, muy fuerte, y le besó en la mejilla haciendo que este se sonrojara un poco. No esperaba que el menor hiciera eso, no era común en él, pero su felicidad era más. Inoo solo pudo sonreírle de vuelta.

— ¿Para cuándo es?
— Ese es el problema — El peli café miró nervioso a todos lados — Lo había olvidado y ayer me lo recordaron, es para… mañana — Dijo ocultando su rostro con las manos.
— ¿Mañana? Mh… interesante, ¿Cómo haré una maqueta para mañana? — Con su mano tocó su cabeza y la rascó. Dudaba.
— ¡Lo siento! Si quieres te acompaño a comprar los materiales y te ayudo, pero sinceramente siento que te estorbaré, enserio, lo mío no son las artes plásticas — Se avergonzó.
— No te preocupes Dai-chan, este año me he acostumbrado a hacer maquetas muy rápido, no es difícil, el problema más que nada es que se tiene que secar y no la podré llevar a tu casa en la noche, tendría que ir a dejártela a tu escuela, en la mañana ¿Te parece?— Sonrió y se puso de pie de aquel sillón.
— Puedo ir a tu casa temprano a buscarla para no causarte mayores problemas — Ofreció el escolar.
— No, después se te cae la maqueta — Bromeó — Yo la voy a dejar, luego me paso a clases, me queda en el camino — Fue a buscar su bolso para irse. — Vamos a comprar los materiales.
— Está bien, dame cinco minutos y estoy contigo.

Ambos partieron al centro comercial a librerías, ferreterías y todo tipo de cosas que les serviría para la maqueta, Daiki no entendía nada, pero Inoo lo guió por todo el camino, tomando la batuta de aquella salida. Caminando pasaron fuera de una tienda ramen.

— ¡Oh! Dai-chan, ¿Pasemos a comer? Tengo hambre, yo invito — Tomó la mano del menor y le llevó a la tienda. Lo sentó rápidamente y casi desesperado pidió dos platos.
— ¡Pero Inoo-chan! Déjame si quiera ayudarte con algo de dinero, ya has comprado todos los materiales y ahora me invitas a un plato de ramen ¿No crees que es demasiado? — Infló los cachetes.
— No te preocupes Dai-chan, ya te lo cobraré de alguna forma, pero dinero es lo que menos necesito, de verdad, no te preocupes — Dijo el mayor con una gran risita en sus labios, una sonrisa tranquilizadora.
— Está bien — Aceptó algo desanimado.

Ambos, luego de comer, se dirigieron a la casa del pelinegro, tenían la tarde completa para hacer esa maqueta, antes de que Arioka tuviera que volver a su casa. Comenzaron por la base, a forrarla, recortar paredes, a hacer la pintura y pegamentos especiales que solo Inoo conocía. Daiki ayudó a pintar, ya que las otras cosas no se le daban bien, por lo que Inoo hacía algunos cálculos.

“Nunca había visto a Kei tan concentrado, tan serio, tan… sexy” Pensó. Se sonrojó ante esto y bajo su cabeza, aún pensando en lo sensual que se veía con esos lentes.

Inoo siempre fue un hombre gracioso, desconcentrado, incluso pervertido, que actuaba como un niño, que siempre bromeaba y él se reía por todos sus chistes, aunque fuesen aburridos. Pero su personalidad era tan sociable y abierta, que era la razón por la cual se llevaban tan bien. Aún así, verlo en otra faceta lo hizo confundirse, ¿Por qué no podía dejar de mirarlo? ¿Por qué lo hallaba tan sexy? Arioka no podía concentrarse.

— ¿Sucede algo, Dai-chan? — Notó la ojeada, y preguntó.
— ¡N-no! Nada, nada — Nerviosamente sonrió y volvió a pintar las paredes, sin darse cuenta que equivocó de color. — ¡Oh! Mierda…— Dijo Arioka, mientras intentaba quitar el color, que ya se había secado. — ¡Perdón, Inoo-chan, creo que de verdad no sirvo para esto!
— No te preocupes, Dai-chan — Se acercó con un paño con algún líquido especial, y sacó toda la pintura errónea — Pero te veo desconcentrado, ¿Qué sucede? — Dijo mirando sobre sus lentes, fijamente.

Esa mirada intimidó a Daiki, le hizo sonrojar mucho, ¡Deja de ser tan sexy! Pensaba el menor, mientras desviaba la mirada, intentaba inventar alguna excusa.

— N-nada — Logró decir.
— ¿Estás bien? Te noto nervioso, ¿Quieres ir a tu casa? Puedes dejarme el trabajo a mí, ya te dije que yo puedo hacerlo solo — Dijo con una sonrisa de medio lado. Tomó un pincel con el color correcto y pintó sobre el espacio corregido.
— Perdón, Inoo-chan — Se disculpó apenado.
— ¿Por qué te disculpas? — Entre risillas preguntó.
— Por equivocarme y… — Dudaba en hacerlo. Se acercó a su rostro, sin que Inoo pudiera hacer algo — Por esto — Susurró.

Posicionó sus labios encima de los de Kei, sintió una sensación que hace tantos años quiso experimentar. Daiki siempre le atrajo aquel chico, pero nunca dejó a sus instintos actuar, ahora no se contuvo. Pensó que no sería tan perfecto aquel roce con sus labios, esos labios carnosos y gruesos, galanes, que siempre dibujaban una sonrisa, se embriagó con esa suavidad y comenzó a mover los suyos, instintivamente. Kei no respondió de un principio, estaba en shock, pero al sentir que los labios del peli café se movían, hizo lo mismo. Un dulce beso, que los separó lentamente, rozaban sus labios con los ojos semi abiertos y su respiración era levemente agitada, no querían alejarse.
En ese maldito momento de lucidez de Arioka, en el que abrió sus ojos como platos , alejándose abruptamente de Kei, poniéndose de pie.

— Debo irme — Dijo tomando sus cosas y huyendo de aquel lugar.
— ¿D-Dai-chan? — Miró como el menor se iba y cerraba aquella puerta. Tocó sus labios instintivamente y no pudo evitar sonreír. — wow — Estaba feliz.
Kei fue a prepararse un café luego de eso, necesitaba pensar y concentrarse en terminar aquella maqueta, avanzó toda la tarde hasta que le dieron la una de la madrugada.

— No podré terminar esto a tiempo, creo que será otra noche sin dormir — Se fue para la cocina a preparar un litro de café, quería mantenerse despierto. — Te saldrá caro Dai-chan…— Aunque no fuese un hombre que durmiera mucho, permanecer despierto toda una noche por trabajo no era de su agrado, ya que al siguiente día era una zombie caminante.


— o —

Daiki llegó a su casa después de haber vagado dos horas, mientras pensó; además quería evitar todas las preguntas de su madre por su actitud y es que no todos los días se tienen el placer de besar los labios de Inoo Kei.
Su corazón latía con fuerza y se encontraba temblando luego de haber huido de la casa del mayor, se sentía un poco tonto por haber hecho eso, no estaba seguro si Kei también sentía lo mismo, sus sentimientos eran muy grandes pero nunca quiso decírselos por miedo al rechazo y más que nada a perder su amistad y cercanía. Pero ahora, por un tonto impulso echaría abajo tantos años de amistad. Le costaba asumir que ya no sería lo mismo, no quería perderlo…

Por otro lado, no estaba seguro si el pelinegro haría su maqueta, pero no iba a volver a esa casa, por ningún motivo, estaba demasiado avergonzado. Tampoco la intentaría hacer él, se preparó mentalmente para una mala nota.

Se revolcó en su cama toda la noche, se rascaba la cabeza y pensaba “No te preocupes, ya te quedarás dormido, todo pasará…” Pero por más que cerraba sus ojos nada sucedía… de repente un sonido molesto comenzó a sonar “tin-tin-tin” “¿Pero qué rayos?” Buscó el responsable de aquel sonido, era su despertador… “¿Lo habré puesto mal?” Pero al momento de mirar la hora, lo lanzó lejos, no porque estuviese atrasado en llegar a la escuela, si no porque no había podido dormir en toda la noche, y ni cuenta se había dado.

— o —

— ¡Bien! Lo he terminado…— Dijo un cansado Kei.

Una maqueta digna de estudiante de arquitectura, demasiado tal vez… Pero eso no importaba, ya eran las seis treinta y debía ducharse para ir a dejarle la maqueta a Daiki. Dejó la estructura en un lugar seguro, libre de accidentes; Tomó una toalla y se metió a la ducha, no quería pensar mucho en el tema, pero le fue inevitable.

A Inoo siempre le gustó Daiki, pero por la misma razón nunca declaró sus sentimientos, al principio le costaba aceptar el hecho de gustarle un hombre, pero lo dejó pasar y gracias a la ayuda de Yabu pudo comprender que era normal o al menos no tenía por qué preocuparse; ese beso no lo dejó indiferente, porque cuando sintió esos labios encima de los suyos, algo le hizo su corazón acelerar, le agradó y quería volver a sentirlo. Comenzó a recordar tantos momentos juntos, en los ensayos, las salidas, los conciertos. Sin darse cuenta, por este y otros pensamientos más pervertidos, su miembro se despertó y sin poder evitarlo comenzó a masturbarlo. Debiendo descargarse en la ducha.

— Por esto y todo lo demás, pagarás caro, Daiki Arioka — Dijo como un susurro, mientras se aferraba a la pared de la ducha y llegaba al orgasmo que él mismo se provocó.


— o —

Daiki hace dos horas que estaba listo para ir al colegio, pero no se disponía a salir, estaba un poco cansado por no haber podido dormir la noche anterior, pensando tantas cosas. Tomó desayuno y partió a la escuela por orden de su madre. Al llegar, demacrado se sentó en su puesto y se echó a dormir, cuando escuchó la voz de un compañero de clases hablarle:

— ¡Arioka! ¡Arioka!
— ¿Qué sucede? — Balbuceó mientras se refregaba un ojo.
— Una persona te busca, afuera — Dijo mientras se iba.
— ¿Eh? — Sin poder comprenderlo del todo ya que su cabeza no hacía conexión todavía. Era extraño que alguien lo buscara.

Al salir se encontró con una maqueta con pies… Su corazón se aceleró, sabía que detrás de esa gran maqueta estaba la cara que no quería ver.

— Buenos días Dai-chan, te traje tu maqueta como prometí, ¿Dónde la puedo dejar? — Preguntó amable.
— ¿¡Eh!? ¿La trajiste? Yo pensé que…— Se omitió el decir algo más, ya que se dio cuenta, que quizás para Inoo ese beso no fue nada y debía seguir tratándolo como siempre, olvidando todo.
— ¿Pensaste qué, Dai-chan? — Dijo entrando a su sala para depositar la maqueta en su puesto.

Robó varias miradas de chicas y… chicos a la vez, no solo por la maqueta, ya que Daiki escuchó varios “Kakkoi~” o “¡Qué guapo! ¿Quién será?” y bien sabía que las maquetas no podrían ser ‘guapas’. Inoo solo respondía con sonrisas.
Sintiendo un poco de ira, no quería que nadie viera a “su” chico, no quería que nadie más lo disfrutara, solo él. Entonces en un impulso, lo tomó de la mano y se lo llevó corriendo de la sala, sin dirección.

— ¿Dai-chan? ¿Qué sucede? ¿Por qué saliste corriendo de tu sala? Esas chicas eran muy agradables… — Dijo mientras lo seguía, aún tomado de su mano.

Arioka al ver un profesor pasando cerca, entró a la primera sala que se les cruzó, era una oficina de alguien, estaba vacía. Cerró la puerta.

— ¿Pediste permiso para entrar al colegio, verdad? — Dijo mirando por la ventanita de la puerta y cerrando la cortina, para que el Sensei no los viera.
— Claro, pero solo para venir a dejarte la maqueta, no para meternos a una oficina — Dijo un poco gracioso, pero desganado, esto de no dormir lo tenía mal. — Y bueno Dai-chan, ahora me dirás, ¿Por qué me besaste ayer? — Su tono había cambiado a una serio, ese típico tono que Daiki odiaba, porque le hacía poner todos sus pelos de punta.
— ¡Eh! — El menor se sorprendió, no pensó que tocaría el tema tan de repente, tan sorpresivo. — Yo…
— Y también me dirás ¿Por qué huiste de mi casa… y de la sala? — Inoo tomó a Arioka de la cintura y lo lanzó contra la puerta, quedando muy cerca. Puso sus manos encima de la puerta pasando por el lado de su cabeza, para intimidarlo un poco.
— ¡Yo no lo sé! — Dijo desesperado. Lo sabía perfectamente pero se sentía avergonzado y ahora, en la situación que lo tenía el mayor, no podía hablar.
— Anoche no dormí nada, terminando esa maqueta, pero ¿sabes? La hubiese terminado antes si mi cabeza no hubiese estado pensando tanto en ti… — Puso su frente encima de la del menor, haciendo que este cerrara los ojos.
— Perdón, Inoo-chan…
— Shh…

Kei, silenció al menor con un beso. No aguantó más tenerlo tan cerca, tan indefenso. Fue un beso tierno, pero que de a poco se tornó a uno apasionado, sus bocas comenzaron a abrirse más y más, hasta que la lengua de Inoo entró a la boca del otro sin preguntar, sin avisar. Poco a poco las manos de Kei bajaron hasta llegar al rostro de Daiki y entre sus orejas y algo de cabello se aferró. El menor por su lado agarró la camisa del mayor por la cintura y la tomó tan fuerte como si su vida dependiera de ello. No se cansaban de besarse, sus bocas se movían de un lado para otro, de a poco querían sentirse más, Inoo comenzó a bajar por el cuello del menor, mordiéndolo, desesperado.

— Inoo-chan… ¡AH! — Lograba balbucear el menor — Yo…yo…no…— Inoo besaba la garganta de Daiki, sintiendo vibrar sus cuerdas vocales a cada gemido del pequeño. Le gustaba provocar eso.
— ¿Tú, no, qué? — Dijo mientras lo despojaba de su chaquetón y desabrochaba su camisa.
— Yo… no… ¡ah! No quería huir así de tú casa… ¡ngh!... ni quería sacarte de la sala así como así, fueron impulsos, pero… ¡mh! — Daiki gemía cada vez más alto, dándose cuenta, por lo que abrazó a Kei y le mordió el cuello ferozmente, sacándole un grueso gemido. — Deja esto ya Inoo-chan… o no sé qué podría hacer yo — Seguía mordiendo y besando su cuello.
— Dai-chan… A estas alturas poco me importa lo que hagas o no conmigo, pero… no voy a parar, esa maqueta te saldrá muy cara— El mayor tomó a Daiki de la cintura y lo volteó a la mesa, botó desesperado todo lo que había encima y sentó al menor encima de ésta.

Lo despojó de sus pantalones, mientras que Arioka no se quedaba atrás y le sacaba su camisa al mayor, esparcía caricias por aquel torso desnudo, que tanto anhelaba poseer. Se besaron otra vez, inhumanamente, las bocas se les hacían pequeñas y la necesidad de sentir al otro eran tan descomunales, se mordieron hasta sacarse sangre. Nada les importó.

— Dai-chan ¡mh! ¿Por qué me sacaste de esa sala? — Musitó Kei en su oreja, con un tono travieso, porque se sentía seguro de la respuesta.
— Yo… ¡AAH! — El mayor había puesto su mano en el miembro de Arioka. — Yo… yo… Mhhg… Ngh… — El castaño perdía la concentración fácilmente. La mano de Inoo se movía endemoniadamente bien encima de sus pantalones, haciéndolo sentir miles de impulsos en esa zona. Su cadera se meneaba en cortos y pequeños saltos en contra de la mano de Kei, para sentir mayor placer.
— Vamos, Dime~— Mordió el lóbulo del chico, entre una sonrisa. Se sentía casi satisfecho con las respuestas del cuerpo de Daiki.
— ¡Maldición Kei! — El chico perdió la paciencia y con un tirón quitó su cabeza de los dientes del otro, acomodó su rostro para rápidamente, besarlo—… Kei… Si te lo digo ¿Prometes no aprovecharte… ¡AH!—Se avergonzó a la vez de su gemido, pero no lo pudo evitar, luego del apretón que recibió su miembro. —…Aprovecharte de esto?— Terminó la frase, costándole, por el placer que les invadía.
— ¿A qué te refieres con aprovecharme? — Comenzó a quitarle el bóxer al chico que estaba casi desnudo. El miembro del castaño, al sentirse liberado de la tela, comenzó a levantarse cada vez más y más y la mano de Inoo lo estimulaba, dependiendo de las exigencias.
— Mhgg… ¡Inoo-chan! A-ah… — Se mordía su labio y su cabeza se echaba hacia atrás, entregándose tímidamente— O-olvídalo… — con sus manos, buscó el cinturón del mayor. Lo desabrochó impacientemente, bajó la cremallera desabotonando el botón de su pantalón y bajó su bóxer unos centímetros. Su rostro estaba sonrojado y poco a poco las gotas de sudor caían de su frente. Con sus piernas, acercó al mayor hacía su entrada y con sus manos, igualmente masajeaba el miembro de Kei. Se besaron, para no perder ningún segundo.
— Daiki ¿Estabas celoso? — No aguantó más y preguntó descarado, mordiendo sus labios mientras le interrogaba.
— No… Mhgg… — Mintió y en signo de “castigo” apretó el miembro del mayor, dejando que de su voz saliera otro grueso gemido.
— ¡AH! ¡Reconócelo! —Se separó del menor y lo tomó de sus caderas, acomodándolo sobre la mesa. Se agachó, doblando unos centímetros su espalda y puso saliva en sus dedos, los acercó al orificio aun muy cerrado del menor, como para que miembro cupiera por allí. Metió uno de ellos y traviesamente rozó con la punta de su lengua, la punta de la masculinidad de Arioka.
— ¡No! ¡Ahh! — Se abrazó fuertemente al delgado cuerpo del otro, enterró sus uñas, resistiendo el dolor que comenzaba, cuando un segundo y tercer dedo se colaron en su entrada, dilatándola. Sintiendo cada esfuerzo que su ano hacía por expandirse — Basta… Inoo-chan… ¡Ngh! Duele… — De a poco la vergüenza le invadía. ¿Podría mirarle con los mismos ojos después? Su respiración era agitada y sin darse cuenta, los dedos del mayor rozaban sus paredes interiores de una manera exquisita, ya no sabía si era dolor y parte del placer, pero comenzaba a sentir una desesperación por llegar al clímax — ¡Ahh~!
— Aguanta un poco más… — Decía, mientras una y otra vez, metía sus largos dedos de pianista. Cuando lo halló bastante dilatado, hizo un movimiento circular. — Daiki… — Fue su aviso y una mirada cómplice.
— ¿Mhh? — Le miró, aún sin comprender mucho, pero un dolor punzante la invadió sin poder remediarlo y sus paredes volvieron a contraerse por la sorpresa. El miembro de Inoo había entrado, pero los espasmos, le hacían difícil su trabajo y también algo doloroso, aún así, no tanto como para el menor — ¡AHHHHH!— Gritó haciendo que se escucharan ecos en la habitación y rápidamente tapando su boca, mientras encorvaba su espalda sadicamente.
— Ahhh…— Suspiró totalmente complacido, agradeciendo las paredes estrechas que presionaban su ya erecto miembro y que se incursionaba a adentrarse en las profundidades del castaño, llegando lentamente hasta un punto más profundo y el más doloroso.
— ¡Kei, por Dios! ¡AHH! — Le dolía aquella intromisión, su cuerpo intentaba resistir y de a poco caía encima de la mesa, encorvándose completamente a una respiración demasiado rápida, sus glúteos adoloridos, buscaban la manera de aguantar, así que por instinto, apretó sus paredes, arrinconando el pene del mayor, a niveles sádicos.
— ¡DAIKI! — Gimió. No se esperaba aquel movimiento. La estrangulación que ahora su miembro recibía, le impedía moverse pero más allá de dejar de hacerlo, más intentos hacía, haciendo aquella primera embestida un infierno de placer. — ¡R-Relájate!— Exigió en un jadeo.
— ¿C-cómo quieres…? ¡AHHHH!— Sentir como se movía en su interior era colosal, su estómago se hundía de solo falta de aire y volvía a inflarse buscando más de él. Aferrado a sus caderas con las piernas entrelazadas, quiso provocativamente, volver a cobijar ese falo entre sus paredes, para juguetonamente volver a apretarlo sintiendo ese palpitar de sus venas hinchadas.
— Mhhg~— Juntó ambos labios y dejó salir mucho aire a presión por sus narices. Su calor corporal aumentó y sin resistirlo, antes de que el castaño si quiera pudiese pensar en repetir su acción, le volvió a embestir de un golpe, a fondo.
— ¡BASTA!— Quiso intentar detenerlo, pero sus palabras sabían a mentiras, más cuando su cuerpo se deleitaba y movía inconscientemente, sensualmente entre movimientos deliciosos.
— Dai-chan…— Se acercó a su rostro, acomodando sus brazos en el escritorio y sus piernas, para un mejor meneo entre ambos, ignorando sus gritos.
— K-Kei… ¡Ah! — La embestidas no solo las hacia Inoo, Arioka ya se había entregado completamente sin darse cuenta, sus caderas se agitaban al punto de auto penetrarse casi, comenzando a sentir aquella desesperación porque algo llegue y pronto— ¡M-más!
— ¿Mh? — Estaba confundido. “Basta” y luego “Más” era sus palabras, ¿Qué hacer? Aunque la respuesta estaba ahí mismo. Se detuvo.
— ¿Eh? ¡Kei! ¿Qué haces?— Protestó, aun con su rostro agitado y rojo, aun así, su cuerpo no dejaba de moverse, aunque ya no eran profundas las embestidas si el pianista no ponía de su parte.
— Te hago sufrir… ¿Sabes cuánto dormí ayer?— Volvió a embestirle, pero esta vez Daiki se quedó tranquilo, aun así, inevitablemente soltando un gemido y a de a poco, incorporándose.
— ¿C-Cuánto?— Se preocupó. Aunque sabía la respuesta por esas ojeras leves, y su voz de cansancio.
— ¿Sabes cuánto me costó concentrarme? — Respondió tan solo con otra pregunta, volviendo a empujar su falo en su interior.
— ¡AH! — Aún Daiki estaba caliente, y muy perceptible a sus movimientos.
— ¿Sabes qué hice en la ducha? —Susurró, frente a sus labios, aunque ya más que un regaño, sonaba a una carga de deseo, de poder hacer lo mismo, pero esta vez en su interior.
— Kei-chan…— Lo abrazó por su cuello y quedó sentado y por primera vez, con completo amor, besó sus labios en una caricia tan perfecta, que Inoo no pudo hacer más que corresponder con esa misma intensidad— Gracias… por todo… yo lo lamento…— Acarició su nariz con la propia, los movimientos pélvicos habían sido detenidos y solo un peculiar giro entre sus caderas se percibía, aun guardando aquel sabor a “pronto clímax”.
— Decir que… “Te amo” ¿Es muy próximo?— Consultó, abrazando su cuerpo posesivamente desde sus costillas, viéndole a esos ojos casi abiertos, casi cerrados.
— Tal vez… — Su sonrojo incrementó, aunque sabía que el mayor era un mentiroso, de alguna manera, quería creerse eso, quería ser a quién amase, ya que, él también lo hacía, en cierto nivel.
— Ya veo…— Si bien, no quería sonar a mentira, quería que el menor sintiese de verdad aquellas palabras, era por ello, que ahora pretendería conquistarlo, hasta hacerlo creíble.

Voluntariamente ambos cuerpos, comenzaron a moverse más exageradamente, su miembro siempre despierto en su interior y el menor aguardando aquel falo con el mayor ahínco y calor posible. Los gemidos del castaño se dejaban salir ahora con total entrega, se sentía bien, completo, hacer el amor y no solo sentirse como una simple paga por un trabajo. Saber que podría volver a mirar a los ojos a su amante, le completaba.
Estaba a punto de llegar a su orgasmo, cuando sintió un líquido viscoso en su ano, llenarle hasta desbordarle el interior; Era la semilla de su chico, que ahora solo quería besar. Pero en su intento se detuvo, reemplazando la unión de sus labios por un grueso gemido, ya que un espasmo se comenzó a hacer más grande hasta penetrarle por completo la punta de su miembro, haciéndole salir todo aquel semen hasta explotar en el estómago del mayor.

— ¡AHHH! ¡KEI!— Chilló sin poder controlarse. Aquella oficina se había convertido en un paraíso secreto.
— ¡Mhhh!— Oprimió sus labios, para evitar crear ecos de sonidos. Se agarró al cuerpo del chico y apretó ambos glúteos hasta dejar todo dentro de él. Su aliento era basto y sus mejillas también estaban levemente sofocadas. El fervor que irrumpía la habitación no podía ser invisible.

Se mantuvieron abrazados, inclusive aún, cuando escucharon pasos fuera de la habitación; La sonrisa boba no se iba y un silencio cómodo les llenaba.

— Kei-chan… — Musitó Daiki.
— ¿Sí?
— La próxima semana tengo examen de anatomía…
— ¡Jajajaja! — Comenzó a reír con ganas — Tranquilo… — Acarició su cabeza — Yo te ayudaré.